Suerte: ¿qué es y por qué importa?

El país en el que nacemos, el periodo en el que vivimos, la riqueza en la que crecemos, las personas que conocemos, los eventos que presenciamos, la raza a la que pertenecemos, nada de esto lo escogemos. Pero, ¿quién se atrevería a negar la fuerte influencia de estos factores en la vida de una persona? Aunque algunos no quieran admitirlo, la suerte puede llegar a jugar un papel protagónico en la historia colectiva e individual de la gente.

La suerte y su interpretación

Quienes alcanzan una posición elevada suelen pensar que el éxito se debe al esfuerzo, la habilidad y las decisiones personales. Pero cuando no gana el mejor, algo muy frecuente, es necesario considerar el papel que juega la suerte con una pizca de humildad. El éxito moderado puede estar fuertemente relacionado con nuestras acciones y cualidades, el éxito rotundo no. Si los hechos fueran lo mas relevante, no existiría un cementerio de candidatos similares, y muchas veces superiores, que simplemente no lo lograron. Artistas con poco talento, deportistas sobrevalorados y empresas con productos inferiores no existirían en un mundo donde la suerte no tiene incidencia.

Según Robert H. Frank, economista y profesor de la universidad de Cornell, los efectos de la suerte se hacen más perversos a medida que el número de competidores aumenta. Cuando las opciones abundan, las reglas de dedo se vuelven más convenientes y menos objetivas. Es probable que el ganador esté entre los mejores, pero es aun más probable que no sea el mejor. Para ganar en un mercado saturado y altamente competitivo, en el que las recompensas se concentran en las manos de unos pocos, es necesario ser ingenuamente optimista. Los ganadores suelen ser sencillamente más afortunados, pero sin su ingenuidad característica nunca hubieran participado y no hubieran gozado de la suerte de los tontos. Lo más sensato siempre será voltear a ver el cementerio donde están enterrados aquellos iguales o mejores. Pero quienes desean tomar riesgos absurdos harían bien en comprender que un pequeño golpe de suerte puede ser el gran secreto del ganador improbable.

La suerte y la habilidad

Napoleon Bonaparte pensaba que, “La habilidad es de poca importancia sin la oportunidad.” Puede que el empujón de la suerte sea mínimo, como ponernos en el lugar y el momento correcto, pero su efecto puede ser extraordinario. El candidato que consigue el empleo tal vez solo es más afortunado que su contraparte mejor calificada. Tal vez solo guarda un sutil parecido con un querido amigo del entrevistador. La poca habilidad que tuviera, valdría nada sin la oportunidad que el azar le brinda manifestada en su aspecto físico. Pero al final del día lo que realmente importa es conseguir el trabajo. Cuando el ganador se lo lleva todo, ¿quién quiere ser el número dos? Parece que la descabellada interrogante de Napoleon, “Sé que es un buen general pero, ¿tiene suerte?” no es tan descabellada después de todo.

En contraste, Lucio Seneca, el filosofo y político romano, pensaba que “La suerte es lo que sucede cuando la preparación se encuentra con la oportunidad.” El azar puede ser un fenómeno completamente impredecible, pero nuestras decisiones no. Según los autores de How Luck Happens, Janice Kaplan y Barnaby Marsh, nuestras acciones, las pequeñas elecciones que hacemos día con día, son lo que determina nuestra suerte. Quienes están preparados cuando la oportunidad aparece, probablemente han practicado un poco más. Quienes llegan a tiempo a una reunión importante, probablemente han madrugado un poco más. Y quienes encuentran la relación ideal, probablemente se han esforzado un poco más. En retrospectiva parecieran ser los consentidos de la diosa Fortuna, pero tal vez solamente se expusieron un poco más.

La suerte y los riesgos

Sobre la mesa hay un revolver con una sola bala. Un desquiciado lo coloca sobre su sien y hala el gatillo. No pasa nada. Otro perturbado agarra el revolver y hace lo mismo. Aun nada. Un tercero pone a prueba su suerte y encuentra la bala al final del cañón. La ruleta rusa es un juego de tontos, pero las reglas son sumamente claras y los riesgos fácilmente comprensibles. Nadie en su sano juicio tomaría el sexto turno jugando con un revolver convencional. Todos se encuentran a la expectativa de la bala letal. Tal vez no nos consideramos unos tontos que juegan con la fragilidad mortal, pero irónicamente en nuestra vida diaria participamos a ciegas en juegos aun más riesgosos, sin siquiera contemplar la posibilidad del golpe fatal.

El sesgo de supervivencia nos empuja a pensar que hoy es como ayer y probablemente mañana sea igual. Por razones obvias, esta tendencia es sumamente problemática. Nassim Taleb, autor de The Black Swan, advierte que la verificación nunca debe confundirse con certeza. Podríamos observar incontables cisnes blancos, pero un solo cisne negro bastaría para concluir que no todos los cisnes son blancos. El cisne negro es el golpe fatal, imprevisto y completamente anormal. Pero el avistamiento de un cisne negro depende de los ojos de quien observa. Para el granjero, la muerte del pavo no es sorpresa. Pero para el pavo que siempre fue alimentado en abundancia, la historia no le permite concebir la posibilidad de su sacrificio. La vida es sumamente compleja e impredecible, mucho más complicada que un revolver de 6 recámaras, lo que nos queda es intentar controlar nuestra exposición y ejercitar con rigor y humildad nuestra racionalidad, o elegir ser como el pavo y quedar a la merced de algún granjero.

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