David y Goliat: la fuerza y la debilidad oculta

El pequeño contra el gigante

Pobres, ricos; ignorantes, sabios; vulnerables, poderosos. La ventaja es evidente, sin embargo, ilusoria. David, nunca fue débil. Goliat, nunca tuvo oportunidad. ¿Por qué, entonces, le tememos tanto al behemoth en nuestras vidas?

En David y Goliat, Malcolm Gladwell explica de una forma distinta la conocida y malentendida historia. Goliat, el soldado más fuerte del ejercito filisteo, un implacable y temible gigante, reta a los israelitas a enviar a su mejor soldado para definir la guerra entre los dos pueblos. Temerosos por la apariencia del gigante, el ejército israelí no encuentra voluntarios. David, un joven pastor, quien visitaba a sus hermanos en el campo de guerra, se ofrece a pelear contra el gigante y va a la batalla sin armadura, con una honda y unas cuantas piedras. Saúl dijo a David, “Tú no podrás pelear con él, eres sólo un niño y él en cambio es un hombre que pelea desde su juventud”. La creencia popular nos prepara para una victoria improbable. Gladwell, en cambio, argumenta que Goliat era quien estaba en desventaja.

La naturaleza del poder

El poder solía ser un lujo de gigantes, aplastaba cruelmente a quienes no lo poseían y duraba la vida de quienes lo ejercitaban. Eso era antes. Hoy en día el poder está en decadencia. El reconocido columnista Moisés Naím argumenta que “Hoy, el poder es más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder”. Los líderes eclesiásticos, los representantes de gobierno y los titanes de la industria no son tan fuertes como sus homólogos antepasados.

Acusaciones de inmoralidad alejan a los creyentes, manifestaciones populares derrocan a los presidentes y pequeñas empresas derrumban industrias completas. Pareciera que el poder está cambiando. Sin embargo, hace tres mil años, un simple pastor tumbó al más temible soldado de su época. El poder realmente está decayendo. Según Naím, la causa detrás del cambio son las revoluciones de más, de la movilidad y de la mentalidad. Hay más personas mejor preparadas y con más recursos; con la habilidad de movilizar masas, bienes e ideas; y una impresionante confianza en su potencial. La naturaleza del poder no está cambiando, la fuerza de los “vulnerables” sí.

El punto débil de los poderosos

El Príncipe de Maquiavelo, un clásico de la política por excelencia, revela un punto débil de los poderosos. Para mantener el poder es necesario actuar racional y estratégicamente, identificando oportunidades, amenazas y formas coherentes de proceder. De ahí se derivan pensamientos como, “Los hombres deberían ser tratados generosamente o destruidos” o “Dado que el amor y el miedo difícilmente pueden existir juntos, si debemos elegir entre ellos, es mucho más seguro ser temido que amado”. Pero, ¿cómo actuar ante amenazas invisibles y escenarios desconocidos? Goliat era el soldado ideal para una batalla cuerpo a cuerpo, no por nada, nadie se atrevía a enfrentarlo. Cuando el gigante retó a los israelitas de esta forma: “Les lanzo pues, hoy, un desafío a las tropas de Israel: denme un hombre para que me enfrente solo a solo”, actuó de manera lógica, era una victoria sencilla.

En The Innovators Dilemma, Clayton M. Christensen explica que los grandes caen ante innovaciones disruptivas, no porque descuiden sus labores, sino precisamente porque escuchan, se enfocan e invierten en su mercado principal. Los grandes caen porque toman decisiones objetivas, basadas en el riesgo y el beneficio esperado, ese es el dilema. Las innovaciones disruptivas son tecnologías más sencillas, con menor capacidad, en mercados menos atractivos. A simple vista, no son decisiones racionales. Defenderse de este tipo de amenazas requiere de un cambio de mentalidad. Goliat estaba vestido con una armadura pesada, tenía una espada y portaba una lanza y una jabalina. David salió a la batalla con una honda y unas piedras, con ninguna intención de pelear de frente contra el gigante. Claramente el pastor se salió de la norma de batalla. El filisteo hizo lo que hacen los gigantes, concentrarse en su fuerza y ejercitar solamente el poder necesario para mantener su posición. Pero cuando cambian las reglas, una fortaleza puede convertirse en una flaqueza.

La debilidad de uno es la oportunidad del otro

Los gigantes también caen por su propio peso. La razón del gigantismo de Goliat pudo haber jugado un papel crucial en su derrota. El pobre gigante probablemente sufría de una enfermedad llamada acromegalia, la causa más común de gigantismo. Esto le permitió crecer de manera desmesurada y tomar ventaja de su tamaño y fuerza en la infantería. No obstante, la acromegalia también puede causar problemas de visión. Cosa que podría explicar por qué el filisteo más temible tuvo que ser guiado por un ayudante a la batalla, además de las extrañas palabras que el gigante dijo a David “¿Acaso soy un perro para que vengas a atacarme con palos?”, cuando David tenía solo un palo.

La razón del poder puede ser la causa de la derrota. Con estilo maquiavélico, en El Manual del Dictador, Bruce Bueno de Mezquita delinea los requisitos primordiales para conseguir y mantener el poder. Lo indispensable es el apoyo de quienes pueden asegurar o amenazar al líder y los recursos necesarios para comprar su lealtad. Pero, ¿qué pasa si el dinero ya no alcanza? Alguien más, seguramente, intentará comprar las lealtades esenciales y hacerse del poder. Lo mismo que los pone ahí, los quita. El poder de Goliat se debía a su tamaño. Pero la causa de su tamaño no dejó que viera lo que estaba pasando frente a sus ojos. “Ven para acá para entregarte como comida a los buitres y a las fieras” dijo el filisteo, nunca se percató que las reglas de la batalla habían cambiado.

Los fuertes son débiles por su misma fortaleza, los débiles son fuertes por su misma debilidad.

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