Decisiones: intuición e inteligencia

“Confía en tus instintos”, es un consejo sumamente riesgoso en la mayoría de los casos, pero de enorme utilidad en algunos otros. Tomar decisiones inteligentes es un tema de gran importancia para cualquier individuo. Toda persona toma una gran cantidad de decisiones a diario, desde que pasta de dientes comprar, hasta donde vivir, en que empresa trabajar o que pareja elegir. Sin embargo, al contrario de la creciente creencia popular, normalmente se obtienen mejores resultados cuando se sigue un proceso de toma de decisiones estructurado, en lugar de la simple intuición.

 

Cuando simplemente sabes

Malcolm Gladwell, autor del bestseller Blink, argumenta que los seres humanos tienen la capacidad de conocer la mejor respuesta a una incógnita de manera intuitiva, sin necesidad de comprender el proceso que lleva a la conclusión. La intuición es la manifestación inconsciente de la experiencia acumulada, por eso, es fácil entender el atractivo de las decisiones intuitivas. Se basan en la experiencia y se llevan a cabo en fracciones de segundo, por lo que deberían de ser acertadas y sumamente rápidas. Sin embargo, la intuición no es analítica, de manera que se debe tener cautela cuando se siguen los instintos.

Las decisiones intuitivas conllevan dos grandes problemas. El primero es la experiencia misma. No solamente se requiere contar con la experiencia correcta para que la intuición sea correcta, sino también evitar los prejuicios o paradigmas equivocados. Por otra parte, los escenarios de cambio constante hacen imposible desarrollar la experiencia requerida, dado que las condiciones se alteran continuamente. A pesar de lo anterior, las decisiones intuitivas son la mejor opción si se es un verdadero experto y las condiciones son estables, tal es el caso de los críticos de arte, los catadores de vino y los maestros ajedrecistas entre muchos otros.

 

El proceso es rey

Paul J. Schoemaker y J. Edward Russo, reconocidos expertos en el tema, concluyen que las mejores decisiones son el producto de un proceso bien estructurado, no del instinto. Existen tres factores que influyen en los resultados de una decisión: la elección (proceso de toma de decisiones), la implementación y la suerte. De los tres, la suerte es el único sobre el cual no se tiene ningún control. Irónicamente, cuando se evalúa el desempeño de una decisión, se le suele dar mayor peso a la suerte que al proceso. Dado que, aunque pueden verse fuertemente afectados por factores externos, los resultados son el parámetro común de medición. De ahí la importancia de la cuidadosa elaboración de un proceso, que permita asegurar los resultados y evaluar el desempeño.

Schoemaker y Russo, dividen el proceso de toma de decisiones en cuatro pasos. Primero, se elige el marco de posibilidades. En otras palabras, se determina cuales son las posibles soluciones que vale la pena analizar. Segundo, se define y recolecta la información necesaria. Ya que cierta información es muy costosa o difícil de adquirir, es prudente reducir la incertidumbre a la medida de lo posible y después administrarla. Tercero, se elige una opción. Esto, tratando de utilizar un modelo de valor o de ponderación, una regla dedo o, en ultima instancia, la intuición de un experto. Por último, el paso final de un buen proceso de toma de decisiones es aprender de la experiencia, buscando entender la razón detrás de los resultados.

 

Advertencia: no eres tan listo

Como seres humanos, somos propensos a una enorme cantidad de sesgos cognitivos y emocionales que nos llevan a cometer los mismos errores una y otra vez. En lo que concierna la toma de decisiones, existen errores que se repiten más que otros. Según los hermanos Chip y Dan Heath, autores de Decisive, los “villanos” de la toma de decisiones son: el enmarcado angosto (considerar una o muy pocas opciones), el sesgo de confirmación (aceptar solamente la información que respalda la hipótesis), las emociones de corto plazo y el exceso de seguridad.

Por suerte, cada villano puede ser combatido con relativa facilidad si se sigue un proceso bien estructurado. Para poder analizar más opciones, se deben evitar los escenarios tipo “Si o No” o “A o B”. Existen incontables soluciones para cada problema, ¿por qué no intentar unas cuantas de manera simultánea y observar cuál da mejores resultados? Para evitar el sesgo de confirmación lo más importante es, no solamente aceptar la discusión, sino promoverla. Es necesario debatir puntos de vista contradictorios para poder obtener soluciones más creativas. Para no verse secuestrado por las emociones a corto plazo, el mejor remedio es contar con un propósito fundamental que sea la guía de largo plazo. Si las emociones no son congruentes con el propósito, debe analizarse con cabeza fría el camino que lleva al destino deseado. Por último, el exceso de seguridad se vence con humildad. Si se acepta que las cosas pueden salir mal, es más probable encontrar y mitigar los factores que podrían influir en el fracaso.

Aunque suene atractivo, tomar buenas decisiones no es tan simple como escuchar a la intuición. Seguir un proceso bien diseñado puede dar mejores resultados… date una oportunidad real de ganar.

 

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