La base fundamental: primero lo primero

¿Cuál es tu razón de ser? 

Los líderes más influyentes a través de la historia, las marcas más queridas por los consumidores y las empresas más reconocidas y exitosas tienen algo en común. Las personas, u organizaciones, que logran sus objetivos y trascienden, tienen un propósito fundamental que guía todas sus acciones. Esa es, en gran parte, la clave de su éxito.

Esta guía puede tener muchas caras, un enunciado de misión para la superación personal (Stephen Covey); un porqué que guíe a los líderes y mueva a los seguidores (Simon Sinek); o un propósito fundamental para la estrategia de una organización (Jim Collins). Sin importar la cara, o el propósito específico, esta guía es la base sobre la cual se construye el éxito trascendental. Albert Einstein quiso entender el universo, Walt Disney quiso hacer feliz a la gente, Martin Luther King Jr. tenía un sueño. Con una guía clara, todos ellos comenzaron su camino y al final… cambiaron el mundo.

 

¿Por qué?

Una pregunta aparentemente simple, sin embargo, ¿cuántas personas u organizaciones pueden responder esta pregunta con total claridad? La respuesta a esta pregunta puede ser la diferencia entre quedarse con una idea o mover a millones, puede ser la diferencia entre el fracaso y el éxito trascendental.

Simon Sinek, propone la idea de empezar por el porqué y solamente después pasar hacia el cómo (forma) y el qué (resultado final). Esto, basándose en que las emociones, y no las razones, son lo que mueve el comportamiento humano. “Siento y después pienso”, es una frase que resume esta teoría. Por lo cual, cuando un individuo, u organización, se adhiere a una creencia y basa todas sus acciones en ella, inspira a las personas con creencias similares de una manera imposible de imitar. Cuando alguien se siente identificado con un ideal, y lo hace parte de su propio porqué, los argumentos en contra se vuelven irrelevantes, porque la misma persona defiende ese ideal con todas sus fuerzas. No porque realmente le interese una marca, una empresa o un líder, sino porque considera el porqué como una parte de sí mismo, una forma de expresar sus propios ideales y sus propias creencias.

 

Una guía, no un objetivo

La diferencia más grande entre un objetivo y una guía, es que el objetivo debe poder alcanzarse, la guía no. Los objetivos retadores deben ser como grandes montañas en nuestro camino, obstáculos que debemos sobrepasar para alcanzar nuestras más grandes metas. Por otro lado, el propósito fundamental debe ser como la estrella polar, una guía que indica el camino correcto a seguir, basado en la convicción de los valores y las metas más arraigadas al individuo o a la organización.

Por eso, es importante que esa misión, ese propósito fundamental, ese porqué sea lo suficientemente abstracto como para no poder ser alcanzado, al menos no en su totalidad, pero que al mismo tiempo sea lo suficientemente concreto como para poder guiar todas las acciones a tomar. Albert Einstein no logró entender el universo, pero pudo descifrar algunos misterios. Walt Disney no hizo feliz a todo el mundo, pero logró incontables sonrisas. Martin Luther King Jr. no logró la igualdad de razas, pero le evitó enormes injusticias a millones de personas.

 

Visión del futuro 

Jim Collins, autor de Built to Last, sostiene que la visión de las mejores organizaciones es el resultado de dos grandes componentes: la ideología fundamental y la visión del futuro. La ideología fundamental, a su vez, se compone por los valores y el propósito fundamental. Por su parte, la visión del futuro es el resultado de objetivos audaces a largo plazo y una visión vívida del futuro. La ideología fundamental es lo que le da sentido al camino, es la razón por la cual todos los miembros de una organización se esfuerzan día con día. La visión del futuro es lo que hace más concreto el destino, por lo cual, facilita la toma de decisiones.

La introspección para encontrar los valores y el propósito fundamental son solo el comienzo del camino. Nadie querría seguir una estrella toda su vida para llegar al lugar equivocado. Por eso, es tan importante definir buenos objetivos que la descripción ayude a visualizar. Si en un futuro lejano alcanzaras todos los objetivos por los que hoy todos en tu organización están luchando, ¿estarías realmente orgulloso y satisfecho? ¿Es ahí adonde quieres llegar?

 

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